Todo lo que no suma que no te reste
Dicen los que saben que no todo lo que podemos sostener… lo tenemos que sostener. Y quizás lo entendemos con la cabeza. Pero en la práctica… nos cuesta. Porque sostener es algo que aprendimos. Nos vendemos casi sin darnos cuenta. Sostener para que no se rompa, para que no incomode, para que todo siga más o menos en su lugar. Y en ese más o menos nos vamos quedando, apagando, conformando. Y hay algo ahí, muy silencioso que empieza a pesar. Porque lo que no suma aunque no duela tanto, igual resta. Ganas. Energía. Presencia. Resta a una parte nuestra que sabe que podría ser distinto. No es dramático. Es sutil. Es eso que no decimos. Eso que postergamos. Eso que dejamos para después... sin saber bien cuándo es "después". Y en algún momento nos preguntamos qué pasaría si dejáramos de sostener un poco? No todo. No de golpe. Pero sí lo suficiente como para escucharnos de verdad. ¿Qué pasaría? Capaz no se desmorona tanto como creemos. Capaz incluso se a...