El salto dura un segundo, la jaula toda la vida
Dicen los que saben que existen momentos precisos en los que el alma se adelanta al miedo.
Momentos en los que algo adentro, muy adentro, se despierta y ya no puede seguir dormido.Como un dragón antiguo que abre los ojos después de siglos.
Y al contrario de lo que la mente cree, esto no es ruido. Es recuerdo. Es verdad.
Es recordar quiénes éramos antes de aprender a escondernos.
Antes de adaptarnos.
Antes de creer que nuestro deseo era demasiado.
El salto no es heroico. Es íntimo. Es silencioso. Es hacia adentro.
Es ese instante en el que lo que es ya no alcanza y lo que viene todavía no se muestra con claridad.
El salto, más que de altura, es de fe.
En el alma, sí. Pero en la vida, sobre todo.
El salto es ese clic mental, emocional y corporal en el que todo cambia… aunque afuera parezca que todo sigue igual.
Dicen también que la jaula no siempre duele. A veces parece una estabilidad. A veces se parece una responsabilidad. A veces se parece a “esto es lo que hay”.
Pero el alma lo sabe. Siempre lo supo. Porque las almas no se equivocan.
Es la mente la que hace ruido para distraernos, y es la historia la que aprieta para que no corramos.
El alma sabe que no vinimos a escondernos. Ni a repetir historias que no son nuestras. El alma sabe que no vinimos a sobrevivir.
Vinimos a encendernos.
Y cuando aparece el fuego, ya no hay jaula que alcance, ni miedo que detenga, ni pasado que retenga.
Porque el salto dura un segundo.
Pero el instante en el que te escuchás… puede cambiar toda tu vida.
Felices los que se animan a ser distintos y creen en la magia de los saltos ✨
La frase es de @rachel.inthe.sky
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