No siempre el crecimiento es hacía arriba. Casi siempre, es hacía adentro.
Dicen los que saben que hay veces donde se crece hacía adentro. En el terreno del alma y con dirección hacía el corazón.
Dicen los que saben, que cuando estamos creciendo hacía adentro, es cuando más confusión y desorden podemos sentir; pues nadie más puede ver la transformación, y transformarse incomoda y mucho.
Hay veces donde miramos hacia arriba esperando ver la prueba de tanto trabajo y esfuerzo, pero la prueba no se ve porque el crecimiento pasó adentro.
En las sombras de lo que no decimos, y en el secreto de lo que aún no podemos nombrar. En los confines de nuestros deseos y entre los espacios que dejaron los miedos distraídos.
Hay veces donde esperamos estar creciendo en números, en lo material, en lo tangible y cómodo, pero el crecimiento sucedió en lo que no se puede tocar, en lo que es esencial para nuestra experiencia. En la oscuridad de la luz, que nos ilumina desde adentro.
Hay veces donde nos transformamos tan profundamente que nos desconocemos y hasta nos cuesta reconocernos: tan distintos y tan iguales. Tan raros y tan fieles a lo que la intuición nos fue marcando.
Hay veces donde el crecimiento se da en lo que se siente y no en lo que se hace. Porque el verdadero cambio, no siempre trae pruebas, pero siempre trae certezas.
Por eso es que nunca jamás debemos perder de vista la metamorfosis del interior, de los cambios del alma y los ajustes del cuerpo.
Porque es ahí, en la profundidad del ser donde solo podemos encontrarnos con nuestra propia verdad, que habitan todas las respuestas para las nuevas preguntas que la vida nos propone en momentos de movimiento y evolución.
Al fin y al cabo, son los que se animan al cambio del adentro, los que construyen vidas en el afuera que otros ni siquiera se animan a soñar.
Feliz semana de transformarnos desde adentro. Hacia afuera y desde ahí, al infinito. 💜✨
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